El fin de un mundo

“El mundo comenzó sin el hombre y se acabará sin él”. En este día del fin del mundo, este razonamiento establecido por Claude Lévi-Strauss, resuena en mi mente ya torturada por múltiples cuestiones metafísicas.

Aunque esto pueda parecer una masturbación intelectual, la  idea que representa esta frase es sin embargo esencial: el hombre es efímero, pero también lo es el mundo en el que vive e  incluso el universo en el que está inscrito. Y tengo la impresión, mirando lo que pasa el día de hoy en nuestro planeta, que muchos lo están perdiendo de vista.
Por un lado puedo entenderlo. Frente al sentimiento de vacío, de infinito que esta idea provoca, muchos prefieren reprimirla para evitarse quizás una angustia más, a la larga lista de las ya existentes: ¿Qué comeré esta tarde? ¿Cómo pagaré mis facturas?

Por otro lado pienso que esta idea es importante para tomar en cuenta las dimensiones de toda la humanidad y salir del corto plazo. Es el milagro de la vida del que habla Albert Jacquard. El hombre, la humanidad son milagros. Lo que vivimos, no existe quizás en otras partes del universo. Entonces, no se necesita ir a Lourdes para ver a un tetrapléjico  caminar sobre el agua y darse cuenta que los milagros son posibles. Nuestra existencia ya es un milagro. La fauna, la flora, nuestro cuerpo, el lenguaje, el amor, la literatura, las artes (¡La lista es larga!) son todos pruebas cotidianas de que los milagros existen.

No bendigo, ni agradezco a nadie por todo esto. Simplemente estoy admirado y maravillado. Una puesta de sol, un nacimiento, una sonrisa, tomo todo lo que puede ser tomado. Y cuento con poder hacerlo durante toda mi vida. Deberíamos hacerlo todos, y quizás veríamos las cosas bajo un paradigma diferente: se debe disfrutar al máximo de este milagro, y procurar que todo el mundo pueda hacer lo mismo, de manera equitativa y el mayor tiempo posible.

Cuando uso los términos “disfrutar” y “al máximo”, no hablo del punto de vista de un Depardieu y de su mala broma belga, quien querría que amontonáramos y consumiéramos el máximo de cosas en poco tiempo. Es todo lo contrario lo que me viene a la mente. Numerosos autores  han escrito a este respecto: Serge Latouche habla del decrecimiento, Pierre Rabhi de la sobriedad feliz, Ivan Illitch de la convivialidad. Muchos conceptos para decir una misma cosa, en un planeta finito, con recursos limitados, hace falta crear una sociedad  en la cual las condiciones de una vida auténticamente humana sobre la tierra estén aseguradas.

Lo cual supone por supuesto sobrepasar la lógica individualista y consumista impuesta por el capitalismo. Hay que devolverle el sentido a la vida: adquirir, poseer no es un fin en sí mismo. El consumo es una actitud egoísta y mortífera: compro un objeto para satisfacer un deseo momentáneo en detrimento de las condiciones de vida de un obrero chino cualquiera.

Deberíamos tomar distancia de nuestras vidas y evaluar lo que es más importante. Disfrutar del tiempo que nos es dado para vivir, sentir, respirar, comunicar, amar, gozar, compartir, maravillarse de las cosas, reaprender a tomar nuestro tiempo, etc. Debemos privilegiar la calidad de las relaciones humanas en vez de  la cantidad de cosas materiales acumuladas.

En lugar de fantasear con un fin del mundo que no veremos, luchemos por poner fin a “ese mundo”… ese mundo de los neoliberales, de los fustigadores de los derechos y las libertades humanas, de aquellos que saquean la naturaleza en nombre del provecho, quienes matan en nombre de una religión. Rechacemos a los políticos podridos y corruptos que no se preocupan casi nunca por sus pueblos, y que son los que avalan y gestionan el sistema capitalista que queremos ver desaparecer.

Retomemos conciencia de la fragilidad y la belleza de nuestra existencia y del medio en el que evolucionamos. El combate ecológico no es un combate de intelectuales, sino una lucha por una vida diferente. Quiero aprovechar de esta vida y no de aquella que quieren venderme, y voy a luchar por conseguirlo, y porque mis futuros hijos y quizás mis nietos puedan hacer lo mismo.

La humanidad y nuestro mundo son efímeros, algunos científicos como Frank Fenner predicen nuestra extinción en menos de un siglo. Hagamos todo lo posible por que se equivoquen y que otros después de nosotros puedan disfrutar también del milagro de la vida.

Guillaume Jacquemart

Traducción : Natalia Lerin

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