Indecencia

Lakome.com, par Aboubakr Jamaï

Hamid El Kanouni, vendedor ambulante, se inmoló por fuego. Según sus allegados, un policía lo humilló, golpeó e insultó porque tuvo la fortuna de quejarse de la desaparición de su carreta. Su herramienta de trabajo que le permitía subsistir. La historia es familiar. Seguro. La historia Bouazizi con todos sus pormenores. El Kanouni falleció a causa de sus quemaduras en la noche del martes para amanecer miércoles.

¿Y qué creen que « L’Economiste », este diario económico porta voz de al menos una parte de la clase de los negocios, escogió como tema para su editorial al día siguiente del deceso del joven El Kanouni? La desgracia de lo informal con “la vagabundización de nuestras ciudades invadidas por los comerciantes ambulantes”. “Un buen vendedor ambulante es un vendedor ambulante muerto”, se atreve uno a pensar con la lectura del punto más alto de la hipocresía. El tono se desearía serio, responsable. No se apiada  « L’Economiste », se administra. El mensaje es claro. En resumen, usted, lector lleno de conmiseración, no se deje conmover sobre todo por esas historias de pobre diablos que se suicidan. No olvide jamás que están fuera de la ley. Y violando la ley, perjudican los intereses de la comunidad. Pero ¿Qué ha hecho el Estado? ¿Dónde están las fuerzas públicas?

A excepción de que Hamid El Kanouni cometiera el horrible crimen de querer sobrevivir, satisfacer sus necesidades psicológicas más elementales. Comer. ¿Por qué increíble inversión de valores se condena al pobre diablo que busca el alimento diario y cerramos los ojos ante los pillos de cuello blanco que vacían el país para comprarse una enésima residencia en el extranjero, o un Porsche último modelo? La integridad de un sistema legal está puesta en tela de juicio cuando los poderosos no son primero sumisos en él.

¿Dónde estaba la santa cólera de estos señores y señoras de « L’Economiste » cuando un Majidi acaparaba a precio módico, terrenos de los Habous en Tarudant? ¿Dónde estaba su sed de ley y orden cuando un Hercule C-130 era fletado para transportar un Aston Martin que se había hecho reparar en Inglaterra perteneciente al rey? ¿Dónde estaba su buena conciencia cuando un Sefrioui construía una fortuna de millones de dólares embolsándose márgenes del 40% sobre el hábitat social y gracias a la generosidad “hipotecaria” del Estado? ¿Dónde estaba su vigilante pluma cuando un Othmane Benjelloun obtenía para sí mismo una reducción de deudas de casi 5 millones de dírhams violando alegremente el derecho de las sociedades en el caso Saida Star Auto? ¿Dónde estaban cuando el “generoso” Abdeslam Ahizoune volvía a comprar costosamente la moribunda GSM Al Maghrib del omnipresente Majidi con el dinero de “Maroc Telecom”, como contribuyente, para dar gusto y para unirse a los nuevos maestros del país?

Y además de ser moralmente corrupto, este tipo de hipocresía es políticamente suicida. Se debe poner atención, mucha atención. Llegará quizás un momento donde la rabia suscitada por tanto apático compromiso empujará a nuestros ciudadanos a recurrir a otra cosa más, que a la oposición organizada y civilizada del Movimiento del 20 de febrero.

 

 

 

Traducción por: Natalia Lerín

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Classé dans Démocratie / Democracia

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