Comunalidad y colonialismo.

Abdeslam Ziouziou, 16/09/2011

El viaje pues. Un aprendizaje múltiple sobre sí mismo, sobre la capacidad de evolucionar en ciertos ambientes, la capacidad de reacción ante ciertas situaciones, una probabilidad de descubrimientos y de alcances. México me cambió realmente en un sentido positivo. El descubrimiento de todo un entorno específico, del país con sus múltiples ramificaciones y sus múltiples sentidos.


Los viajes nos llevan a preguntarnos sobre el sentido real de lo que se puede efectuar como estudio o como trabajo. Es una vuelta profunda a poner en duda varios esquemas de pensamiento. Esto se efectuó gracias a esta estancia, gracias al descubrimiento de la situación política y social de México pero también, gracias a un encuentro mucho más sorprendente.

Durante mi estancia, tuve la ocasión, gracias al bibliotecario de la Casa de la Cultura de descubrir el pensamiento de los pueblos originarios. A lo largo de mis estudios universitarios, el mundo de las ideas me ha siempre fascinado. Profundizar los saberes, abrir las anteojeras, buscar perpetuamente nuevas fuentes de conocimiento. Este pensamiento se resume en el concepto de “comunalidad”.

Una de las características básicas de este pensamiento es su sentido colectivista, su innegable vínculo con la tierra, al territorio y a la naturaleza en su acepción global. Se trata aquí de la vida, tal cual, de diferentes comunidades que ha sido teorizada de algún modo, mediante palabras, retranscrita en intervenciones orales y vulgarizada por los escritos.

La comunalidad implica la base de la autonomía de los pueblos originarios aportando nuevas nociones a todos los campos sociales como la justicia, la economía, la organización social, la gestión y el ordenamiento del territorio. La justicia es una justicia interna en las diferentes comunidades expresándose en un territorio dado y permitiendo resolver problemáticas dadas, sin pasar por la casilla de verificación social que ejerce la prisión. Un asesino mata a un hombre y genera una viuda, la prisión genera dos.

En economía la no racionalidad es reivindicada ya que esta misma racionalidad redujo a los pueblos originarios en proveedores de mano de obra barata o de ilegales.
El análisis es muy fino, Jaime Martínez Luna, uno de los pensadores zapotecas de la noción de comunalidad, reivindica esta no racionalidad, porque crea los elementos de una salida de la dependencia en la cual se encuentran los pueblos originarios.

El trabajo en cuanto a si mismo no es liberador, “arbeit macht frei” del campo de Auschwitz, sino que constituye la base de la comunidad. El trabajo es ante todo para la comunidad. El colectivo debe primar sobre una serie de valores y normas impuestas por el colonialismo español y el Estado-nación mexicano. La comunalidad es la vía de liberación, de la autonomía de los pueblos originarios. Autonomía, llevada a lo más alto por el movimiento zapatista y existente en todas las realidades de los movimientos sociales mexicanos.

Durante la jornada de debate organizada por los estudiantes de Master2 RICI, sobre el tema “Es posible cooperar sin colonizar”, la pregunta fue tratada a fondo, de múltiples maneras pero no aportó a mi parecer una respuesta definitiva. Aún si el objetivo fue llevarnos a reflexionar sobre esta noción, sin saber si existe una respuesta; el hecho mismo de tenerlo en la cabeza destruye todo esfuerzo de tomar realmente en cuenta las dificultades planteadas.

La pregunta es una cuestión de conciencia. Sin embargo, y gracias al descubrimiento de la noción de comunalidad, o a aquella del pensamiento de autores como Jaime Martinez Luna, o Floriberto Díaz, podemos sobrepasar esta pregunta y apropiarnos de ella de otra manera.

Intentando liberar el pensamiento de los pueblos originarios del prisma colonial, este nos abre el camino necesario para poder rebasar la cuestión del trabajo en el terreno de la cooperación.

Invitándonos a ir más allá de todos los esquemas de pensamiento, nos invita a nosotros mismos a deshacernos de marcos de pensamiento, de teorías, de ideas hechas y producidas por nuestro propio inconsciente colonial. La noción de colonialismo toma aquí el sentido de dominación por el poder en los campos de saber; solamente inspirarse y no reproducir; en el pensamiento y la experiencia etno-política de Jaime Luna y de la comunalidad, podemos cooperar sin colonizar. Nosotros no venimos a portar el desarrollo, el pueblo zapoteca por ejemplo, no lo quiere. Tampoco el mixteca o el Mixe. Si intentamos ponerlo en práctica cada uno por su lado, pero cambiando perpetuamente espacios, formas de organización comunitaria u otro componente, la universalidad de la preponderancia de la Naturaleza y del vínculo entre territorio y lo humano, podremos, por así decirlo, cooperar sin colonizar, o incluso, para encontrar otros términos ayudarse mutuamente sin dominarse.

Esto debe entonces ser el objetivo de toda cooperación, experimentar alternativas concretas en lo que concierne a los modos de organización humana y territorial, permitiendo la emergencia de “otro” espacio, donde el pensamiento y la práctica tomen su raíz en el medio determinado, en respuesta a los pensamientos y las prácticas impuestas por las dulces sirenas del confort estéril: el desarrollo y sus corolarios que son la destrucción de la naturaleza y la imposición de una forma de vida por parte de lo superior.

La crítica del desarrollamentalismo se vuelve clara cuando se aborda este pensamiento. Lo cual es muy simple al final: ¿Cómo es que una persona habiendo crecido, habiéndose desarrollado, habiéndose formado en formas culturales particulares puede pretender venir a colaborar al “desarrollo”, es decir, a la toma de conciencia de un mejoramiento del ritmo, del modo de vida de una comunidad en específico? En otros términos, más realistas: ¿qué puede hacer un marroquí en una comunidad zapoteca para mejorar las cosas de acuerdo a un modo de vida y pensamiento estandarizado, acumulado, durante años de vida en otras partes, en otros territorios, con otro pensamiento?

Lo que llamamos competencia intercultural no reside al final más que en algo que apenas si se puede ver, escondiendo una problemática de fondo que es la voluntad determinada de querer perpetuar un sistema de dominación colonial. ¿Sobre qué criterios juzgar el subdesarrollo de la región zapoteca? ¿Según cuáles esquemas? ¿De acuerdo a qué idea y con qué objetivo?

Existen realmente organizaciones luchando a favor del mejoramiento definitivo de las condiciones de vida de determinadas poblaciones. Pero, y aquí reside el meollo del asunto, ¿se puede eliminar en cuatro meses, uno o dos años, toda una vida de secuelas, que no son más que el resultado de una dominación, en la cual se sitúa aquel que coopera o desarrolla? Es decir ¿Cómo se pueden sanar las consecuencias de un sistema de pensamiento en el cual estamos, nosotros mismos, empantanados?

Aunque se tenga toda la voluntad del mundo, hasta que no se cuestione la propia manera de ver las cosas, el propio esquema de pensamiento, todo esfuerzo de “desarrollo” se reduce a nada.
De ahí la necesidad del pensamiento originario encontrando raíz en el tejido social y en el espacio en el cual se despliega.

No es este pensamiento que se trata de reproducir sino su esfuerzo de emancipación de las ideas coloniales y la creación de otras nuevas. Lo que debería de reproducirse no es el resultado, sino al camino que llevó hacia esta construcción de ideas.

Michel Foucault decía: “Habría que intentar estudiar el poder no a partir de los términos primitivos de la relación sino de la relación misma, en la medida en que es ella la que determina los elementos a los que remite”. (Genealogía del racismo 1977).

No analizar la cooperación y el colonialismo según los “términos primitivos de relación” sino analizar la relación en sí misma. La cooperación implica el colonialismo tanto como el colonialismo determina la cooperación. Uno debería retirarse de esta relación para ver aquí que las dos son UNA. Uno no es la consecuencia del otro, sino más bien tanto lo uno como lo otro forman parte de eso que nos da las consecuencias que se quieren combatir y que pretenden mejorar el “desarrollo”. Así mismo, la cooperación es parte dominante de este esfuerzo de colonialismo.

Y para concluir de nuevo una cita de Foucault:
“En vez de preguntar a sujetos ideales qué es lo que han podido ceder de sí mismos o de sus poderes para dejarse sojuzgar, se debe analizar en qué modo las relaciones de sujeción pueden fabricar sujetos”. En otros términos en lugar de preguntarse qué es lo que se hará como cooperante para paliar las consecuencias del colonialismo, sería más acertado analizar en qué modo las relaciones de colonización fabrican cooperantes.


Pero esa es otra historia…

Traducción por: Natalia Lerín

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Classé dans Voix citoyennes / Voces ciudadanas

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