El Ártico, el nuevo “El Dorado” del oro negro.

Terraeco.net, 14/09/2011
Por Alice Bomboy

El Ártico podría contener reservas colosales de petróleo y gas. En estos tiempos de penuria, los países y las compañías se posicionan en este nuevo tablero del oro negro. Pero… ¿Quiénes son? Y ¿Con qué reservas cuentan?

(Foto: Explotación de gas en la estación noruega Melkøya/Snøvit. Créditos: Joakim Aleksander / Flickr)

Imaginen un inmenso tablero de ajedrez de alrededor de 24 millones de km2, sobre el cual, los peones blancos tienen todavía la mano. Pero los peones negros, quienes hasta este momento estaban confinados a los bordes del tablero, avanzan inexorablemente. ¿Lo reconocieron? Este tablero, es el Ártico, la vasta región que rodea al Polo Norte y que, desde hace algunos años, es espectadora de cómo se lleva a cabo un nuevo acto de la fiebre por el oro negro. Que quizás también sea el último: ante el anunciado fin de las reservas tradicionales de petróleo, una demanda todavía más constante y un precio del barril que no deja de subir. El Ártico, bien podría ser el último “El Dorado” de donde se obtenga tanto el crudo como el gas. ¿El filón será excelente cuando algunos escasos millones de metros cúbicos gotearán solos hasta el final de los tubos? Poco importa: en estado de abstinencia, es la hora para los países y las compañías de sacar las armas pesadas. Estimar las reservas, ampliar sus posesiones submarinas, aprobar acuerdos económicos, hacer valer sus “triunfos medioambientales”…: los intereses no faltan.

  • ¿Cuáles son las reservas en el Ártico?

¿Los fondos árticos están o no completamente llenos? La pregunta suscita debate. ¡Y por supuesto que es normal! Ni los países ni las compañías pretenden revelar la amplitud de las reservas potenciales con las que cuentan. En el 2008, la United States Geological Survey (USGS) hacía público las primeras estimaciones sobre el maná energético en potencia, más allá del círculo polar: 90 miles de millones de barriles de petróleo, 44 miles de millones de gas líquido y 48 000 miles de millones de metros cúbicos de gas natural. Es decir ¡el 13% de petróleo y el 30% de gas que queda por descubrirse en el mundo! ¿Será la gallina de los huevos de oro? Nada es seguro: el servicio geológico americano confiesa él mismo que la probabilidad de existencia de estos barriles no es más que de un 50%. Por otra parte, interpretando de manera diferente la estructura geológica de la zona, otros científicos llegan a resultados muy diferentes.

  • ¿Dónde se esconden el petróleo y el gas?

Los “hot spots” prometedores son legión en el imaginario de futuros explotadores: el mar de Bárents, la costa del norte de Alaska, el delta del río Mackenzie en Canadá, la península Yamal en Rusia, la plataforma continental rusa y su probable prolongación hacia la más codiciada cordillera de Lomonosov… Sin olvidar ¡Groelandia! Problema: el manto glacial restringe la exploración ahí todavía… y hace explotar los costos. En esta provincia autónoma de Dinamarca, la USGS estima así que 7,5 miles de millones de barriles podrían ser extraídos. Pero los especialistas americanos calcularon también que con un costo de producción de 100 dólares por barril, el límite de rentabilidad alcanzaría los 2, 5 miles de millones de barriles. Y con un costo de 300 dólares, a ¡4,1 miles de millones!
Tanto como decir que por parte de los explotadores, se ve más bien con buen ojo el deshielo del casquete glaciar del Grand Norte, víctima del cambio climático.

Mapa de las reservas potenciales de petróleo o de gas


En las zonas que se encuentran en azul fuerte, la probabilidad de descubrir al menos un campo de petróleo y/o de gas que contienen más de 50 millones de barriles explotables, es de 100%. En las zonas grises, desciende a 10%. Las zonas blancas son áreas con un potencial petrolero débil.

  • ¿Cuáles son las zonas ya explotadas?

Sobre el perímetro ártico, no se explora únicamente: ¡se extrae ya también! El campo de Prudhoe Bay, en Alaska, se explota desde los fines de los años 70 por la compañía británica BP y sus socios ExxonMobil y ConocoPhillips Alaska. El yacimiento de Snøvit, en Noruega, comenzó a producir en 2006 bajo la dirección de Statoil. Los próximos deberían ser la estación de Chtokman, en Rusia, sobre la cual Gazpom y sus filiales están bien posicionadas. Groenlandia, por su parte, ya ofrece licencias de explotación a varias multinacionales, en su costa oeste, en la bahía de Baffin.

  • ¿Quién explora las reservas potenciales?

Cinco países conceden las licencias de exploración. Y son aquellos que rodean al Ártico. Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Noruega y Rusia. Pero de todos los rincones del globo, de China, de Eurpoa, de Corea, de India, de los estados Unidos o de Japón, se abren paso para asegurarse cooperaciones de explotación con los países y las compañías en juego. Último “matrimonio” en fecha: la unión detonante entre la compañía petrolera rusa Rosnef y el gigante americano Exxon Mobil, sellado el 30 de agosto pasado, con el objetivo común de explorar el Ártico ruso. ¡Y sí! En la avalancha hacia el oro ártico, se hacen amigos, se intercambian regalos, se aprueban pactos. En este acuerdo, Rusia, beneficiándose de tecnologías occidentales, se ve también abriéndose las puertas del Golfo de México y de Texas. El tío Sam, él, pone un pie en una de las regiones nórdicas de las más prometedoras en términos de energía.

  •  ¿Cuáles son los riegos para el medio ambiente?

¿Nada más que ganancias en este negocio? No ciertamente: el medio ambiente, éste podría pagar el precio y uno muy alto. En 1989 se habían visto los estragos que podían causar 250 000 barriles de crudo derramados en el Golfo de Alaska, después del naufragio del Exxon Valdez. La explotación futura del Gran Norte pone al Ártico frente a un problema mucho más importante. ¿De qué manera las misiones de descontaminación podrían ser lanzadas en caso de algún accidente, sin base logística local y en condiciones polares difíciles? ¿Cuáles serían los estragos provocados por el petróleo que quede atrapado bajo el hielo?
¿Quién se preocupará de las consecuencias sobre la fauna y la flora de estas zonas “invisibles” a los ojos de las regiones habitadas? Y la extracción ¿Se hará según las reglas que respetan al medio ambiente? Sobre este punto, Noruega, insiste para que las perforaciones se hagan según su propia experiencia y sus normas ecológicas. Pero en una lógica de rentabilidad y de carrera contrarreloj, las exigencias del medio ambiente podrían ser la última rueda de la carroza…

Traducción por: Natalia Lerín

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