En Nueva York, los inmigrantes son bienvenidos.

Philippe Boulet-Gercourt – Le Nouvel Observateur

En Francia, es siempre tomada como « un peligro » (para la derecha) o “un problema” (para la izquierda). En los Estados Unidos, Arizona, Alabama, Georgia y aún Carolina del Sur se dedican a detenerla. ¿En Nueva York? Michael Bloomberg, el alcalde, continúa lanzando a los 4 vientos los beneficios de la inmigración. “Lo que hace mal a los inmigrantes nos hace mal a todos”, tiene la costumbre de decir. En el 2003, hizo adoptar un mandato prohibiendo a las agencias de la ciudad interrogar a los inmigrantes, aún a los clandestinos, sobre su estatus. El primero de mayo pasado, volvió a insistir sobre el punto de que: el medio “más evidente” para relanzar la economía americana sería alentando la inmigración. Es particularmente cierto, prosiguió, en una ciudad en vías de desertificación, como Detroit: “Si yo fuera gobernante federal, haría votar una ley dejando a los inmigrantes venir a Detroit, con la condición de que se instalaran y aceptaran vivir aquí durante 5 o 6 años, creando empresas, ocupando empleos, etc.”

Todo el mundo es inmigrante”

Bloomberg es un verdadero neoyorkino. Hijo de un judío ruso, sabe que la historia de su ciudad es la de un país construido por la inmigración. Conoce de memoria el famoso soneto de Emma Lazarus grabado sobre la base de la estatua de la Libertad: “Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad…” “En esta ciudad, uno se siente siempre en la piel de un inmigrante, porque todo el mundo es inmigrante”, dice el escritor Gary Shteyngart, venido de Rusia a los 7 años. Es casi literalmente cierto que: dos de cada 3 neoyorkinos nacieron en el extranjero o son hijos de padres nacidos en el extranjero. Los pequeños neoyorkinos se enteran muy pronto de esto. Tome dos escolares al azar; estadísticamente, tienen dos oportunidades de tres de pertenecer a grupos étnicos diferentes.

Todo esto no es nuevo. Lo que es menos conocido, es el impacto que continua teniendo los inmigrantes sobre el dinamismo de la ciudad. Impacto económico: los 500 000 clandestinos continúan haciendo los trabajos mal pagados (constituyen la mitad de los lavaplatos, el tercio de los pintores de edificios, 28% de los meseros…), pero la mayoría de los inmigrantes pertenecen a la clase media.

En total, el ingreso promedio de las familias inmigrantes neoyorkinas es igual a aquel de los americanos de origen. Lo mismo hacen por la creación de empresas: ¡una PME neoyorkina de cada dos es fundada por un inmigrante!

Peso político decisivo.

Los inmigrantes son igualmente un pilar del sindicalismo, una de las vías más seguras de acceso a la clase media: en seis de once grandes sectores económicos neoyorkinos, proveen a la mitad de los efectivos. ¿Un ejemplo? Un rostro, más bien: aquel de Bhairavi Desai, venido de la India a los 7 años. Bhairavi creó en 1998 un nuevo sindicato de choferes de taxi, la Taxi Workers Alliance. En el mundo de los ‘cab drivers’, desentona: hizo estudios universitarios y representa una profesión masculina en un 99%. Bloomberg y sus anexos les temen y los respetan, a ella y a sus 6000 choferes.

La integración se hace más bien rápido, en la Gran Manzana. Seguramente, ser clandestino no es nunca fácil, aún en Nueva York, y el rompecabezas del indocumentado puede tornarse una pesadilla, los hijos jóvenes sufriendo particularmente el estatus de ilegal de sus padres. Pero en conjunto la máquina integradora transforma a toda marcha. Más de la mitad de los inmigrantes de Big Apple son ya ciudadanos americanos, y, entre aquellos que votan por primera vez en las elecciones, 40% son inmigrantes. Lo que confiere un peso político decisivo.

Riqueza cultural.

¿Y qué decir de su impacto cultural? Tome la literatura… el fenómeno sobrepasa la sola ciudad de Nueva York, ¡pero qué riqueza! Junot Díaz el dominicano, Chang-rae el coreano, Jhumpa Lahiri el indio, Edwige Danticat el haitiano, Gary Shteyngart el ruso… “Yo me pregunto lo que sería la literatura americana sin todos estos inmigrantes”, se divierte Gary Shteyngart, cuya última novela loca y delirante, “Super Sad True Love Story”, pone en escena a un Nueva York explotada por los chinos y sus esbirros.

La única cosa que podría ponerse por encima de éste dinamo neoyorkino, es el endurecimiento de las políticas de migración a nivel federal. Jose Antonio Vargas periodista filipino y neoyorkino por adopción, sabe un poco a propósito de esto. Él es uno de los mejores en su profesión, habiendo conseguido el premio Pulitzer y habiendo publicado el prestigioso “New Yorker” un largo retrato de Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook. El mes pasado, Vargas se dolió de una larga confesión en el “New York Times Magazine”: desde su llegada a los Estados Unidos a la edad de 12 años, él es un inmigrante en situación irregular.

Traducción por Natalia Lerin. 

Publicités

Poster un commentaire

Classé dans Interculturalité - Interculturalidad

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s