Las migraciones son una oportunidad.

Erwan Le Noan, www.trop-livre.fr

La inmigración no tiene una buena acogida en la prensa. En Francia, en los Estados Unidos de la Unión Europea, en los Estados Unidos y en otras partes, les partidos de izquierda y de derecha adoptan actitudes timoratas, incluso francamente hostiles sobre esta cuestión.

¿Las razones invocadas? En desorden: la defensa de los salarios frente a competidores extranjeros más “flexibles”, el temor de perder la identidad, tener que adaptarse a los nuevos modos de vida.

Exceptional People, que acaba de aparecer en la Prensa Universitaria de Princeton, sacude en el momento oportuno estas certitudes.

El trabajo mezcla una masa de información impresionante, entre historia, sociología y economía, para demostrar que el mundo sufre más de un defecto que de un exceso de inmigración.

LAS MIGRACIONES HICIERON EL MUNDO TAL CUAL LO CONOCEMOS.

Los autores vuelven primero a la larga historia de las migraciones, remontándose a la prehistoria y a los primeros desplazamientos humanos.

Desde la China de los Tang (siglo VII-X) hasta la unificación abassí (siglo VIII-XIII), pasan así al desarrollo del comercio con la Liga Hanseática (siglo XII-XVII), sobrevolando las grandes tendencias que conducen a una primera forma de “globalización” a partir del siglo XVI. Establecen un vínculo necesario entre desarrollo de los intercambios económicos y las migraciones. Y juzgan que los movimientos de población permitieron el desarrollo y la riqueza de las civilizaciones. Que forzadas o no, las migraciones han contribuido a dar forma al mundo.

Pero es la época moderna (1840-1914) la que representa mejor la época de oro de las migraciones.

Millones de europeos atraviesan el Atlántico: 10 % de los italianos dejan su país entre 1900 y 1910, Suecia pierde 44% de su población en 20 años… mientras que millones de otros inmigrantes circulan en Europa. En 1911, Francia contaba también con 1,2 millones de inmigrantes.

La libre circulación es más bien la regla durante una parte del siglo XIX y no es más que en “la Bella Época” que Europa y los Estados Unidos, en particular, pensaron en establecer barreras más sólidas para entrar a sus territorios. En este periodo donde el modelo de Estado-Nación reinaba casi sin división, la definición de una pertenencia nacional y la homogenización de los pueblos se convierten de hecho esenciales.

LAS MIGRACIONES CONTEMPORÁNEAS.

La obra redacta enseguida el retrato de la inmigración contemporánea, Los migrantes representan alrededor del 3% de la población mundial (200 millones de individuos). Tres cuartos viven en el 12% de los países. Las migraciones se hacen tanto de países pobres hacia países ricos, como entre países pobres. En fin, una parte importante de las migraciones se efectúan en los países ricos, mientras que las migraciones de países ricos hacia los países pobres permanecen siendo significativas.

En el origen de la decisión de inmigrar, se encuentra raramente la pobreza: los más pobres no tienen los medios para irse. Las políticas migratorias no harían, por consiguiente más que aumentar o disminuir las barreras de la entrada a los países concernientes, sin afectar los motivos de la inmigración, que se inscriben al menos tanto en lo estructural como en lo coyuntural.

IMMIGRATION IS GOOD

Los autores de Exceptional People analizan enseguida las consecuencias de la inmigración.

Su mensaje es claro. La inmigración sería benéfica para todos y en todos sus planos. Si puede suscitar costos, éstos serían mínimos y largamente compensados por las ganancias a mediano y a largo plazo. Las cifras que los autores adelantan son impresionantes: la liberación total de los flujos humanos aumentaría en efecto la riqueza mundial de 39 trillones de dólares en 25 años.

En los países de recepción, las ganancias a la espera de la inmigración serían evidentes. Ésta fomentaría el crecimiento, no haría más que disminuir los salarios marginalmente (con mayor razón cuando existe un salario mínimo), favorecería la innovación, afectaría de manera positiva las recetas fiscales, etc. Si es evidente, que por otra parte, la inmigración hace evolucionar las bases de la ciudadanía, no queda menos que el hecho de que la diversidad alienta la creación.

Además los inmigrantes se integrarían mejor de lo que se piensa en los países de recepción: sus dificultades, muy reales, se deben muy frecuentemente a disfuncionamientos económicos o a fenómenos de discriminación.

LA INMIGRACIÓN VISTA DESDE EL PAÍS DE ORIGEN

Para los países de origen, la inmigración sería también muy positiva. Los envíos de dinero de los inmigrantes -316 billones de dólares en 2009, es decir, más que la ayuda para el desarrollo- son una potente palanca de desarrollo. En total, contribuyen a reducir la pobreza y constituyen “el beneficio más inmediato y más tangible de las migraciones internacionales” según el viejo secretario general de la ONU Kofi Annan. Lo anterior no es, por otra parte, un azar si cada vez más Estados otorgan una atención muy particular a sus expatriados, ya que se trata de considerarlos como vectores de influencia o como fuentes de recursos financieros.

En cuanto a “la fuga de cerebros”, los autores no creen en esto. Su razonamiento es el siguiente: si los diplomados dejan su país de origen, es porque estimaron que ahí serían menos productivos que en otro Estado. Y, como se dijo, sus recursos o sus ingresos son inmediatamente suceptibles de beneficiar a su país de origen.

EL FUTURO DE LAS MIGRACIONES.

Ian Goldin, Geoffrey Cameron, Meera Balarajan anuncian que las migraciones van a proseguir y a acelerarse.

En efecto, numerosos fenómenos son susceptibles a estimularlas: la persistencia de importantes diferencias de salarios entre las zonas económicas, la urbanización que afecta tanto a los países pobres como a los países ricos, el mejoramiento global de los niveles de educación, la investigación creciente de una mejor competitividad y de “reservas” de innovación particularmente.

Sobre todo los países desarrollados envejecen: éstos tendrán necesidad muy rápidamente de nuevos servicios poco calificados y de una fuerza de trabajo considerable únicamente para mantener su nivel de vida, o para evitar que éste se degrade muy rápido.

PARA UNA AGENDA GLOBAL Y LA CREACIÓN DE UN OMC DE MIGRACIONES.

La última parte de la obra, más prospectiva, propone principios para guiar la regulación de las migraciones. La ambición es clara: imaginar “una agenda global para las migraciones”, la cual “deberá concentrarse en el objetivo a largo plazo de una apertura progresiva de fronteras”.

Para lo anterior, los autores plantean cinco principios: la extensión de los derechos nacionales (como para el retiro en la Unión Europea, por ejemplo), la promoción de la movilidad social para los migrantes, la apertura de la inmigración legal a través de una práctica de regularizaciones razonadas, el reforzamiento de la lucha contra la discriminación y la xenofobia, así como el mejoramiento de la colecta de datos científicos sobre las migraciones.

Sobre todo, el libro sugiere la creación en un futuro de una instancia que funcione sobre el modelo de la Organización Mundial del Comercio (OMC), para regular las migraciones y facilitar los flujos migratorios.

THE HUMAN FACTOR

Algunos podrían reprochar a los autores de no tomar suficientemente en cuenta las problemáticas de integración y de no interrogarse lo suficiente sobre las capacidades económicas y sociales de los Estados de recepción para realizar un recibimiento apropiado. Podrían agregar que los seres humanos no son solamente factores económicos, perfectamente adaptables.

Pero Ian Goldin, Geoffrey Cameron, et Meera Balarajan razonan como economistas: su análisis, mesurado, abarca bien éstos debates, aún si no les da peso de manera particular. Por lo demás, estos problemas de adaptación se resolverían bastante rápido en las sociedades realmente abiertas, donde los migrantes no padecerían de la rigidez estructural de los países de recepción.

Como quiera que esto sea, la obra de Ian Goldin, Geoffrey Cameron, Meera Balarajan seduce, ya que hace escuchar una música que los franceses perdieron, junto con muchos europeos, la costumbre de escuchar. Ni elogio para el principio del mestizaje, ni panfleto antirracista, el libro quiso demostrar un optimismo resuelto. Está articulado en torno a un mensaje simple: las sociedades humanas tienen todo el interés en las migraciones. La cuestión económica parece contrastante, el debate permanece abierto…

Traducción por Natalia Lerin. 

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Classé dans Société / Sociedad

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