En Brasil, peor que el crack: el oxidado.

Jean-Pierre Langellier, Le Monde.

¿Oxi? Estas tres letras designan la nueva plaga en Brasil. Una droga peor que todas las otras, todavía mucho más destructiva que el crack. Un estupefaciente tan venenoso que vuelve a sus víctimas dependientes desde la primera vez que lo usan, y que mata a 3 de cada 10 a partir del primer año de consumo.

Oxi es el diminutivo de “oxidado” como es llamado este estupefaciente en portugués. Como el crack, el oxi es un derivado de la cocaína base, pero contiene dos veces más; de la misma manera tiene apariencia de una pequeña roca amarillenta y se “fuma” en una pipa de aire, quien la usa inhala sus vapores.

Sólo el consumo de estas dos drogas primas y de igual apariencia permite distinguirlas: el humo del crack es blanco, el del oxi es más bien gris; uno deja cenizas, el otro una sustancia aceitosa.

El crack, es coca disuelta en bicarbonato de sodio, éter o amoniaco. El oxi es la coca oxidada con cal virgen y algún derivado del petróleo: keroseno, gasolina o diesel. El oxi fue dado a conocer por primera vez en el 2003 en el estado de Acre, frontera con Bolivia. Tenía entonces el favor de los más pobres –principalmente de los jóvenes desempleados- y de los adeptos místicos de la ayahuasca, un brebaje alucinógeno de la amazonia.

A partir este momento, el oxi se extendió en el norte de Brasil antes de hacer, este año, su aparición en las grandes ciudades del sur, especialmente Sao Paolo. La policía confiscaba oxi cada semana o casi cada semana. Ahora es consumido en casi todos los medios sociales.

El triunfo del oxi se debe a que es muy barato: 5 veces menos caro en promedio que el crack (2 reales, es decir, 90 centavos de euro la roca). En Cracolandia, el barrio de las drogas –en su mayoría indigentes- de Sao Paolo, se le llama simplemente “la roca de a 2 reales”.

Los solventes utilizados en la fabricación del crack están bajo venta supervisada. Elaborado minuciosamente este estupefaciente exige una manipulación en un pequeño laboratorio improvisado, dígase una cocina. Nada mejor que esto para el oxi, que se puede prepar en una simple sartén, en el fondo de cualquier patio trasero.

La apariencia casi idéntica de los dos estupefacientes engañó un largo tiempo a la policía. En marzo, en Sao Paolo, después de haber decomisado 60kg. de “la roca”, la policía descubrió por azar que se trataba de oxi y no de crack, haciendo quemar algunas piedras durante una demostración frente a los nuevos jóvenes reclutas. Las drogas se confunden también, comprando sin saber oxi en los puntos de venta tradicionales de crack.

Una vez encendida la pipa la duda no está permitida. A partir de la primera bocanada, hace efecto en el cerebro en unos cuantos segundos, el “efecto oxi” es fulminante y la adicción le sigue inmediatamente. “Creí tragar un pez, tuve miedo de morir” nos cuenta Pedro de 27 años en el diario Epoca.

El desgaste físico y mental surge rápidamente: dolor de cabeza, vómito, diarrea; abatimiento, angustia, paranoia. “Escuchaba voces como si el diablo me hablara” cuenta André, un enfermo en proceso de desintoxicación. Los dentistas fueron los primeros en dar la alerta, descubriendo con espanto las necrosis que invadían las bocas de sus jóvenes pacientes.

Aún más que con otras drogas, las víctimas del oxi están dispuestas a todo para conseguirlo. André vendió hasta su último bien antes de aceptar ser tratado.

La calle Helvetia, en el corazón de Cracolandia, es un lugar de trueque permanente para un centenar de drogadictos quienes negocian un poco de todo, a cambio de “la piedra de a 2 reales”: zapatos viejos, ropa usada, electrodomésticos, o simples tickets para el bus.

Después de máximo 3 días de abstinencia, el toxicómano se vuelve muy agresivos. Augusto de 25 años, Irivan también de 25 y Jonas de 40 –quienes ahora son tratados- cuentan el ineluctable naufragio de la dependencia: disputas familiares, pérdidas de empleo, robos, agresiones. Y lo peor: asesinatos, suicidios.

“Ocho asesinatos de cada diez están ligados a los estupefacientes” constata Wilson Martins, gobernador del estado de Piaui, al norte de Brasil. No es por casualidad que se le llama al oxi “la droga de la muerte”.

El estado de Acre, en la Amazonia, fue el primer afectado por el oxi. En los viejos barrios del centro de Río Branco, su capital; las chicas drogadas se prostituyen desde los 8 años, reporta un investigador local, Álvaro Augusto Andrade Mendes. A falta de droga, los niños se preparan un té con el líquido de las pilas alcalinas. En el bosque, los pueblos indios no se salvan del oxi y la merla otro derivado de la coca.

La policía teme que con el tiempo el oxi tome el lugar del crack. La organización del tráfico sería modificada, complicando así la represión. Producida de manera artesanal, comercializada en pequeñas cantidades, la nueva droga circula fuera de las redes de venta tradicionales.

En Río Branco, pequeños traficantes van a comprar la cocaína base a la frontera y fabrican el oxi en casas abandonadas o en el bosque.

Para ser eficaz, la policía deberá mostrarse mucho más presente en el terreno. De otra manera, las espirales grises del oxi propagaran más y más la dependencia y la muerte.

Fuente:http://www.lemonde.fr/ameriques/article/2011/06/22/pire-que-le-crack-l-oxidado_1539312_3222.html

Traducción por Natalia Lerin. 

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Classé dans Amérique Latine / América Latina

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