Mis queridos estudios

Guillaume Jacquemart

Fui educado en la mentira. No es culpa de mis padres ya que ellos también fueron timados. Quisieron hacerme creer que para tener éxito profesionalmente, tenía que trabajar mucho en la escuela. Y que además que era necesario tener el bachillerato (¡el Sacrosanto bachillerato!) y hacer largos y duros estudios universitarios. Al alba de la integración al mercado laboral, la realidad me atrapa: casi un 23% de desempleo entre los jóvenes, contra un 9% del conjunto de la población activa. ¿Entonces qué? ¿Hacer estudios no te permite más encontrar un empleo?

“¡Pero sí, claro!”, nos dicen “Sólo hay que tener paciencia. ¡Es la crisis y a usted le falta experiencia!” ¿No quiere de inmediato un CDI1 recién egresado de la universidad, verdad?

¡No, queremos solo un trabajo que tenga relación con los estudios que hemos realizado! Tener un bac +52 en Derecho y después de la facultad seguir con un trabajo en Mc Donal’s porque no se encuentra otra cosa ¡es muy exasperante! Y eso de la experiencia ¡es una reverenda estupidez! Muchos jóvenes titulados no pueden acceder a un empleo por gozar de la mala suerte de estar “muy calificados”. Entonces se debe sobrentender que por esto fastidia contratar a un bac +5, ya que se le deberá pagar a la altura de su nivel de preparación.

Por otra parte el nivel de experiencia requerido para determinados puestos, impide a los jóvenes titulados acceder a ellos. Algunos piden de 3 a 5 años de experiencia. A mí me encantaría, pero si nadie nos permite trabajar en un puesto del mismo tipo antes, uno no consigue tenerla. ¿Cómo se acumula esta experiencia? No es haciendo un trabajo alimentario en la caja del Carrefour de su pueblecito que se obtiene la experiencia necesaria para un puesto de encargado de la comunicación.

Y es así, como se inventaron las “estancias” para remediar este gran problema, que es perfectamente genial como idea. Una empresa puede sacar provecho de la mano de obra a bajo costo y el estudiante puede almacenar la experiencia que necesita para un futuro empleo. ¡Al final resulta lo mismo! El estudiante aporta sus últimos conocimientos de un sector a una empresa (lo que le permite a esta mantenerse al día y permanecer competitiva a bajo costo) y el estudiante, bien contento de acumular mucha experiencia (claro, cuando se tiene la oportunidad de tener otra cosa que no sea una estancia en la fotocopiadora) se siente más fuerte para entrar al mercado laboral.

Ser parte del mercado laboral es un verdadero combate. Muy pronto el estudiante se da cuenta que una estancia no es suficiente, hay que hacer una segunda, una tercera, una cuarta… en condiciones financieras desastrosas: la remuneración mínima solicitada (si es que existe) está al nivel de la mitad del SMIC – Salario Mínimo Interprofesional (es decir 360 €). Muy difícil es entonces pagar un alquiler, alimentarse y satisfacer las propias necesidades… Los padres (cuando pueden) permanecen como las llantas de repuesto que impiden el hundimiento económico.

Y la relación con éstos últimos puede volverse tensa muy rápidamente… Muchos estudiantes no tienen otra opción que regresar a vivir a casa de sus padres, y a éstos a su vez les cuesta trabajo entender la situación. En el crepúsculo de mi vida universitaria, comienzo a hacerme no tan malas preguntas. ¿Qué va a pasar cuando haya terminado la facultad en octubre? ¿A dónde voy a encontrarme? ¿En qué situación? La angustia total. No tengo ninguna certeza de mi futuro. Tomaré lo que venga, no importa dónde. Y no me quejo más de dejar mi Norte natal para ir a Ardèche, no; pienso cambiar de país si es necesario, quizás de continente, viendo la situación actual en el resto de Europa (45% de desempleo entre los jóvenes de menos de 30 años en España).

No me arrepiento de ninguna manera, del recorrido universitario que realicé (licenciatura en historia y master en cooperación internacional). Pude adquirir conocimientos que me permitieron entender el mundo en el que vivo, e indignarme (la palabra de moda) de lo que puedo ver y oír. Me digo seguido a mí mismo que mis estudios sirven únicamente para que me dé muy bien cuenta de la mierda en la que estoy metido.

Si esto no nos permite comer, la conciencia social que adquirimos durante nuestros estudios, debe servirnos para movernos, para movilizarnos contra aquello que denunciamos. No es por casualidad que los estudiantes de ciencias sociales y humanidades estén siempre en primera fila durante los movimientos sociales. No es una sorpresa tampoco ver que los movimientos de los indignados españoles surgieran en la facultad de Madrid.

“Sin trabajo, sin casa, sin miedo” he aquí las primeras razones que empujaron a la juventud española a tomar las plazas y las calles de España. Aparentemente en Francia el movimiento tiene dificultades para desarrollarse, sin embargo también nosotros estamos “sin casa, sin trabajo”. No tenemos nada que perder y tenemos todo que ganar, pero falta saber ahora si nosotros también estamos “sin miedo”.

1 Contrato de Duración Indeterminada.

2 Un bachillerato más 5 años de estudio que comprenden la licenciatura (3 años), el master 1(un año) y el master 2(un año).

Traducción Natalia Lerin. 

 

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