La larga marcha de los inexistentes (1/3)

Reportaje realizado por Hugo Papazian y Abdeslam Ziou Ziou estudiantes en el Master 1 Relaciones Interculturales y Cooperación Internacional, en prácticas profesionales en México. 

crédit Abdeslman Ziou Ziou

México, 8 de mayo de 2011

La temperatura aumenta, el sol se da cita, como para evaluar la voluntad de los manifestantes. “Estamos hasta la madre” la pancarta principal, traducción literal de un grito profundo, de un dolor del alma. Es el grito de un pueblo, de un hartazgo general, compartido con unanimidad en México. ¿De qué están hartos los mexicanos? ¿Qué llevó a 200 mil personas a batir el pavimento en la ciudad de México y en otras ciudades del país?

La aparente respuesta que se puede dar a esta pregunta reside en las cifras. Muy agobiantes, sin equivocación:

Según las estimaciones oficiales, los “daños colaterales” debidos a la guerra contra el narcotráfico se elevan a 40 mil personas muertas en un lapso de 5 años. Más que las causadas por la guerra en Irak. Agregando a esto, los miles de desaparecidos y secuestrados.

La guerra de palabras es importante, el gobierno llama a esto “daños colaterales”. Los daños colaterales, víctimas que se encontraban en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Son muchos los que se equivocaron de camino, los que salieron a tomar el aire, e intentar hacer lo que todos intentamos hacer: VIVIR.

Es ahí donde entonces podemos hablar de cifras: 45, es el número de niños muertos en la guardería ABC de Hermosillo Sonora. En el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Esta marcha es también un estar ahí, todos en un mismo lugar, dar un cuerpo a esta invisibilidad, dar un nombre a los muertos, restablecer en el largo letargo de la retórica política a los olvidados, a lo humano y a su deseo de vida.

Une fontaine de sang, action durant le parcours de la manifestation

foto: Una fuente de sangre, acción durante el transcurso de la manifestación.

8 de mayo 2011, México D.F.

“La naturaleza de la semilla se manifiesta en la planta, el significado del pasado se revela en el presente” [Enrique Semo, Economía y lucha de clase, Una historia de México.]

Y entonces, ¿Cuál es la naturaleza de la semilla que originó este presente tan cruel?

Sin hacer una revisión a la historia milenaria de México, empresa larga, ardua y muy polémica, retengamos simplemente un dato. Intentemos reconstruir la historia inmediata, narrar el pasado inmediato que se confunde en un presente asfixiante: 1° de diciembre 2006. Después de una elección controversial, Felipe Calderón, candidato del PAN, rival histórico del PRI; accede al reino del poder supremo: la Presidencia.

Meses antes, marchas y desfiles, una lucha de fuerzas que sacudió a todo el país, un movimiento opositorio y contestatario a la elección autoproclamada de Calderón. El candidato de izquierda o aparentemente de “izquierda”, López Obrador, resulta vencedor en las urnas; cada uno se monta en su caballo de batalla y a esto se siguen una serie de aventuras rocambolescas, donde el Tribunal Electoral de la Federación y la Suprema Corte de Justicia de la Nación designan a Calderón como vencedor sin hacer un recuento de los votos, sin tomar realmente en cuenta el movimiento social que atravesaba el país.

¿Una República socialista en las fronteras de los Estados Unidos? De ninguna manera, la aventura Bush-Al Gore, no está tan lejos, un pequeño golpe de estado democrático no caería nada mal, ya que lo que sigue es de orden ininteligible. Anyway como ellos dicen, los hechos están ahí: un presidente no-electo, sin ninguna legitimidad democrática, producto de la casta política mexicana que reina en el país desde hace mucho tiempo, mucho “mucho” tiempo.

“¿Cuándo y en dónde perdimos la dignidad?” Se pregunta Javier Sicilia, poeta y periodista mexicano, cuyo hijo es una víctima de los “daños colaterales” de esta guerra y uno de los principales iniciadores de esta marcha… Quizás en el momento del golpe de estado de Calderón.

Seguro que antes la situación ya era la misma, las inigualdades latentes, la economía en manos de unos cuantos, la violencia presente en el norte del país.

Pero Calderón llegó con una gran novedad, salida directamente del sombrero del Tío Sam: La Guerra contra el Narcotráfico. Una guerra que se pretendía sin descanso contra los “delincuentes” y “criminales” y que derivó en una serie de asesinatos en masa, el fortalecimiento de los cárteles de la droga y la aparición de nuevos grupos y nuevos actores de la delincuencia organizada.

El narcotráfico es el resultado de un marasmo social sin precedentes en México

A lo anterior se debe agregar también, el contexto de alarma de esta retórica de la guerra absoluta. Estado Unidos tiene un perfecto ejemplo de control mediante el terror, que se realiza a través de un estado de guerra casi permanente: Colombia.

El Plan Colombia, no está tan alejado de esta realidad, y los halcones neo-conservadores están omnipresentes en los círculos de decisión, aún más en términos de política extranjera.

“¿Por qué se permitió al presidente de la República y por qué decidió este, lanzar el ejército a las calles, en una guerra absurda que nos ha costado 40 mil víctimas y millones de mexicanos abandonados al miedo y a la incertidumbre?” “¿Por qué?” Se pregunta Javier Sicilia, lanzarse a esta guerra conociendo los índices tan altos de corrupción que enfrenta el país entre narcotraficantes y políticos mexicanos.

Aún en términos de análisis militar, esta intervención era y es un fracaso total. Esta incapacidad para ganar esta guerra fue también confirmada por altos mandos del ejército mexicano como el capitán Alfonso Reyes Garcés. El periódico mexicano semanal “Proceso”, en su número 1799 del 28 de abril del año en curso, reveló una tesis escrita por dicho capitán en la cual, no solamente denunciaba la guerra contra el narco, sino discutía también el discurso optimista del presidente y recordaba que el narcotráfico era el resultado de un marasmo social en México. Reyes dijo justamente que a pesar de todos los esfuerzos y todos los gastos del gobierno mexicano para reducir el narcotráfico, el flujo de drogas se mantuvo constante y los efectos negativos del narcotráfico estallaron desde la llegada de Calderón al poder. Según él, la principal razón de esta expresión de violencia es que el gobierno subestimó las profundas raíces sociales [del narco] como la pobreza y la desigualdad socioeconómica que mantienen la importancia y la expansión del narco. Concluye agregando que “sólo la puesta en marcha de un nuevo contrato social podrá cambiar la situación actual. Si esto no se hace, habrá vacíos de poder que serán llenados rápidamente por los grupos de la delincuencia organizada nuevos o revitalizados”.

¿Será que, atacando al narcotráfico no se ataca a la consecuencia, con el objetivo de mejor olvidar y ahogar la causa?…

 Gracias a Natalia Lerín  por su traducción.

 

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