Digresiones matinales sobre la utilidad de la información (alternativa)

Por Domingo Garcia Garza, 

Siempre he pensado que la información es uno de los recursos más útiles en la sociedad y también uno de los más injustamente distribuidos. La información es útil en la medida en que ésta nos permite tomar decisiones, orientarnos en el mundo, proyectarnos en el futuro y poder así construir nuestras vidas. En consecuencia, la ausencia de información impide construir proyectos de vida, tomar decisiones atinadas, optimizar los otros recursos de los cuales disponemos, etc. Sin información todo proyecto está condenado al fracaso.

 

Me parece sin embargo que el derecho a la (verdadera) información es todavía una quimera en las llamadas “grandes democracias”, y aún más en lo países en “vías de desarrollo”. A mi manera de ver las cosas éste es precisamente uno de los grandes problemas de los regímenes políticos contemporáneos (las revelaciones de WikiLeaks son el mejor ejemplo de ello). Como sabemos sin embargo, la democracia, lejos de ser el mejor sistema de gobierno, es el “menos peor” que tenemos (Churchill).

Ahora bien, el estar desposeído de tal derecho no sólo complica las cosas para el individuo (que es ya en sí mismo un gran problema) sino que fragiliza ante todo el pacto democrático en cual se basa la sociedad. Quisiera pensar que la democracia no es un orden espontáneo sino más bien un proceso social en construcción permanente. Por ende, creo que la democracia no se decreta por ley, sino que se ejerce día a día con pequeñas acciones. Vivir en un régimen democrático significa disponer de la información necesaria para la vida común, es decir aquella útil para la toma de decisiones colectiva que afecta a unos y a otros.

Lo que sucede, quiero pensar, es que si bien la información es útil para la toma de decisiones y fundamento del pacto democrático, también puede atacar a ciertos intereses (sobre todo a los intereses fácticos). De ahí la obligación, a falta de información, de buscarla, de crearla, de ponerla en circulación. Creo que esta tarea es una obligación ciudadana, porque soy del pensar que la democracia no sólo otorga derechos, sino que sobre todo exige obligaciones. De tal suerte que crear y hacer circular la información es un deber ciudadano.

Considero que es una obligación aún más importante cuando constatamos el vacío de (verdadera) información que se ha ido construyendo, paradójicamente, con la complaciente participación de los principales medios de información. Irónicamente, y contra toda lógica democrática, dicho vacío no hace más que minar el principio en el cual se sustentan las sociedades llamadas “democráticas”.

Pienso que iniciativas como esta son un ejemplo de las nuevas formas en que se puede ejercer la obligación ciudadana y que son al mismo tiempo formas de luchar contra los vicios que socavan los principios ideados para vivir juntos. Para muchos, esto no es quizás nada nuevo. En todo caso deseaba compartir esta pequeña digresión matinal y participar con ustedes en la construcción de este nuevo espacio de reflexión. Quisiera terminar reiterando que la democracia no sólo es un derecho, es una obligación. No puedo más que invitarlos a ejercerla como mejor les parezca.

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Classé dans Voix citoyennes / Voces ciudadanas

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